Gore Verbinski es un director que siempre ha ofrecido un amplio espectro de obras, sin casarse con un género en particular, yendo desde los videos musicales de Bad Religion a remakes del terror como El Aro (2002), también pasando incluso por la animación con Rango (2011) y la franquicia marina Piratas del Caribe y, ahora, después de 10 años desde su último largometraje, investiga la sátira y el absurdo con Buena suerte, diviértete, no mueras.
La cinta comienza cuando un hombre de apariencia peculiar con un detonador irrumpe en un restaurante, aclamando que viene del futuro con la misión de evitar el apocalipsis al que llegará el mundo por culpa de la tecnología, la inteligencia artificial y las redes sociales. El tema es que es la vez número 117 que lo intenta, y para lograr su cometido necesita reclutar (una vez más) a un grupo aleatorio de clientes de este lugar que deberán ayudarlo. ¿Será que el grupo 118 podrá detener la catástrofe que se avecina?

La película comienza de forma muy directa. El problema y los personajes se presentan de manera prácticamente instantánea, sin darse vueltas, incluyendo la crítica a la que plantea satirizar. De esta misma forma, se introduce al protagonista interpretado por Sam Rockwell, el cual lleva inmediatamente carisma a la pantalla.
Así, es muy fácil engancharse desde el primer minuto y, de aquí en adelante, dudo que el espectador pueda adelantarse a lo que se viene. Sí, uno puede sacar una conclusión de lo que podría llegar a pasar al final, pero más allá de si efectivamente le atina a eso o no, de seguro no sabrá qué sucesos vendrán durante el camino. Probablemente muchos podrán decir que es un sinsentido de hechos demasiado aleatorios, pero la verdad, aferrada a la característica absurda que plantea la trama, para mí es un acierto.
Es en base a esto que creo que una buena manera de sintetizar la película, es una mezcla de 12 Monos (1995), con la temática de la serie Black Mirror y el tono de La Vida de Brian (1979). No digo que necesariamente alcance el nivel de dichas obras, pero sí creo que es un buen resumen de su carácter general.

Pasando a la crítica que plantea, pues es finalmente el sentido del filme y lo que le da la verosimilitud necesaria, sí es algo repetitivo y cliché el tema de la revolución de la IA y la dependencia a la tecnología, pero hay películas que sorprenden no por lo que dicen, sino por cómo deciden decirlo, y me gusta que se abarque desde esta arista tan ridícula en su esencia.
De todas maneras me da la sensación de que, dentro de lo descabellado que puede ser su propuesta, no creo que estemos tan alejados de aquello. Fue hasta irónico ver que mientras veía la película en la sala de cine, a medio camino un espectador de la fila de enfrente sacaba su celular para contestar cosas por WhatsApp (quiero pensar que era una emergencia).
Eso sí, me parece que agregar algunos pequeños momentos de seriedad donde se enseñaran ejemplos de humanidad como algo predominante, como una especie de enseñanza, quizá hubiese dado algo más de esperanza a la cinta. Esto sí se representa en parte con personajes como el de Michael Peña, Zazie Beetz y Haley Lu Richardson, pero no se enseña nada con el resto del entorno donde alguno que otro personaje mostrase un poco de bondad en un mundo distópico.
Buena suerte, diviértete, no mueras es una película que, dentro de un discurso bastante típico, sobre todo en esta nueva década, propone una idea diferente y llamativa de tratarlo y la verdad, funciona de manera entretenida. Siendo una comedia, quizá no te saque las mejores carcajadas, pero su audacia de guión donde el sinsentido te termina sorprendiendo y a la vez convenciendo una vez que entras en su mundo, funciona bastante bien y es disfrutable.
En definitiva, un absurdo que se disfruta porque sabe reírse de sí mismo. Esperemos que, quien disfrute de esta película, no termine de verla para abrir Instagram o Tiktok inmediatamente por 2 horas consecutivas.





