CRÍTICA DE CINE | ZAFARI: una distopia con rostro político [SANFIC 21]

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Dirigida por Mariana Rondón, Zafari en el papel parece una distopía sobre el conflicto entre clases, pero en la práctica es una analogía directa —y sin matices— de la situación en Venezuela: la escasez, la locura de vivir en un lugar que se desmorona día a día y las cosas que estamos dispuestos a hacer para sobrevivir, más aún, para salvar a nuestras familias.

La familia protagonista habita un edificio con grandes ventanales que alguna vez perteneció a la clase alta, pero que hoy está sumido en la crisis social. A un costado, un zoológico funciona como frontera con la “clase baja”. Desde lo alto, con binoculares, ellos observan lo que ocurre del otro lado. Todo cambia cuando aparece un pequeño hipopótamo —artimaña del gobierno para simular estabilidad— que se convierte en el único ser con suficiente comida. Poco a poco, las barreras comienzan a difuminarse y una piscina se transforma en el centro donde estos mundos chocan.


Cueva (Daniela Ramírez), la madre, es el pilar del hogar y soporte vital del filme. Se enfrenta a los peligros de esta distopía y termina saqueando rincones fantasmas del edificio para mantener con vida a los suyos.

En contraste, Edgar (Francisco Denis), el padre, está más preocupado de no ceder espacios a “los de abajo” que de afrontar la realidad. Aferrado a unos privilegios que ya no existen, no acepta que vive en el mismo pozo que teme.

Bruno (Varek La Rosa), el hijo, se distancia cada vez más de ellos. Sin interés en dialogar, se relaciona con los de abajo y día a día se convierte en un ser más salvaje.


El viaje de Cueva es, en esencia, un tránsito hacia el entendimiento, la superación y la aceptación. Aunque al inicio rechaza a esos “forajidos indeseables”, termina necesitando su ayuda y comprendiendo su mundo: un espacio sin escapatoria, sin muebles ni tierras que vender, sin contactos que llamar.

Zafari es un film político y social disfrazado de distopía. Gracias a la magistral actuación de Daniela Ramírez —aun cuando el guion resulta deficiente— logra transmitir su mensaje con claridad y sin medias tintas. Cómo recibimos ese mensaje, ya depende de cada espectador.

— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)

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