Paul Thomas Anderson nos entrega la mejor película del año y posiblemente de la década: una obra brutal, contestataria y hermosa en partes iguales. Una historia frenética que enamorará tanto a los cinéfilos más exigentes como a los amantes del blockbuster, algo que solo una mente maestra puede lograr.

La trama sigue a un grupo de exrevolucionarios que se disolvieron hace 16 años y que deben reunirse nuevamente para salvar a la hija de Bob (Leonardo DiCaprio) de un enemigo que resurge desde las profundidades de la maldad norteamericana: un militar supremacista que debe enfrentarse a su propio y oscuro secreto.
La sinopsis podría extenderse mucho más, pero esta es una experiencia cinematográfica que debe vivirse. Está llena de momentos inolvidables, con una dirección magistral en la que PTA equilibra la violencia frenética con instantes íntimos, al tiempo que retrata la paranoia norteamericana y nos demuestra cómo la línea entre la sátira y la realidad es cada vez más difusa.

El film está inspirado libremente en la novela Vineland (1990) de Thomas Pynchon. El guion de PTA construye un mundo que hace quince años nos habría parecido distópico, pero que hoy se siente inquietantemente cercano. Y aunque no es una película abiertamente “revolucionaria”, sí toma partido, no de forma explícita, pero sí a través de pequeños detalles en conversaciones íntimas.
Las actuaciones son brillantes: Leonardo DiCaprio, como Bob, entrega una interpretación que podría valerle su segundo Óscar; Sean Penn, en la piel de un militar despiadado y racista, se suma a la lista de villanos inolvidables; y Teyana Taylor, como Perfidia, una revolucionaria con ideales claros que daría todo por la causa, ofrece un papel cargado de emotividad y esperanza, donde incluso dentro de su radical pensamiento se percibe la bondad de sus motivos.

Visualmente es deslumbrante. La mirada creativa de Anderson coloca la cámara en el lugar perfecto en cada momento, nos permite escuchar la intimidad de los pensamientos en medio de espacios brutalmente abiertos, y la banda sonora es la guinda de la torta.
Una Batalla Tras Otra es, sin lugar a dudas, una de las mejores películas de la década. No me cabe duda de que será ampliamente premiada y que estará nominada a Mejor Película en la temporada de premios. Un auténtico regalo del séptimo arte.
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




