En medio de la fiebre del oro, el personaje característico de Chaplin se adentra en el siempre frío e inhóspito Alaska, luchando contra la soledad, el amor, las burlas y la terrible hambre que azota a los buscadores de fortuna. Con todo esto sobre la mesa, nuestro héroe surca las desventuras de un viaje lleno de comedia dramática y momentos inolvidables para la historia del cine.
La quimera del oro es, según muchos, la película más importante de la carrera de Chaplin y es citada regularmente como una de las obras esenciales del siglo XX. Pero más allá del ámbito académico, es una película increíblemente bella que, lejos de ser solo una comedia muda, es un drama cómico sobre el amor y la avaricia. Eso es algo difícil de explicar con palabras… pero lo intentaremos.

El guion es inocente pero enigmático, gracioso pero doloroso. Una comedia que ha hecho llorar a más de uno. No hay medias tintas. No es una comedia difícil; Chaplin siempre supo hacer películas profundas pero accesibles, historias que entregan mil emociones y que, aun así, pueden ser comprendidas por personas de todas las edades. Y eso, créanme, es mucho más difícil de escribir de lo que parece.
La musicalización de The Gold Rush es brutal, nostálgica y melancólica. Nos transporta a lugares mágicos con sus melodías. No hay una nota fuera de lugar, ningún silencio innecesario ni manipulación emocional forzada. Es simplemente la compañera perfecta de este precioso guion, una guía invisible que nos acompaña por este viaje en Alaska.

Visualmente, La quimera del oro es una proeza para su época: cuidada al detalle, interactiva como pocas, y con técnicas revolucionarias combinadas con humor clásico y simplezas que logran un equilibrio armonioso entre todos sus elementos.
Otro aspecto que me encanta es el uso de los primeros planos. Aparecen poco; normalmente vemos planos abiertos donde los personajes corren y pelean. Pero cada vez que surge una emoción intensa —y siempre acompañada de una mueca expresiva— la cámara se acerca de golpe, solo por un instante, como si revisara que todo está bien… y luego retrocede. Un gesto sutil y casi inédito en el cine de aquellos años.

Han pasado 100 años desde que Chaplin estrenó esta magna obra maestra. Y si hoy seguimos hablando de ella, es porque se ha ganado ese título con todas las de la ley. Y eso, amigos, hay que celebrarlo.
La restauración en 4K de The Gold Rush es magnífica y preciosa. Es un viaje que pocas veces tenemos el lujo de vivir.
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




