CRÍTICA DE CINE | LO QUE NO SE DIJO: el silencio en la tormenta [SANFIC 21]

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Lo que no se dijo es la ópera prima de Ricardo Valenzuela Pinilla y está protagonizada por Patricia Cuyul y Héctor Morales, una dupla que comienza casi como unos humoristas de las ventas, pero que poco a poco se va oscureciendo.

Ambientada en la decada de 1990, la historia sigue a Margarita, una entusiasta vendedora de celulares en el sur de Chile que intenta equilibrar su ambiciosa carrera laboral con los conflictos familiares, en particular con su madre: una cantora fanática de Juan Pablo II que, desde 1987 —el día de la visita del Papa—, no le dirige la palabra porque, por culpa de su hija, no pudo cantarle. La abrumadora falta de comunicación conduce a Margarita a un colapso emocional y a cuestionarse qué debe hacer para cambiar su vida.


Para la protagonista, su empleo es un refugio. En un lugar como Puerto Montt en 1994, vender celulares era casi un sueño: instalaron una antena y comenzaron a comercializar un producto que parecía abrir las puertas al futuro. Para Margarita, ese trabajo representa un paraíso e incluso un escape de la relación rota con su madre.

El personaje de Héctor Morales es el de un joven igualmente atrapado entre las deudas y la exigencia de sonreír todos los días en un empleo que no da respiro. Es un “animal de las ventas”, pero también se pregunta por el costo mental y físico de ese esfuerzo, sobre todo en zonas alejadas donde la gente parece no querer ser llamada, escuchada ni recordada.


Otros personajes relevantes son Mariana Loyola, quien interpreta a una vecina recién salida de prisión que cuida de la hija de la protagonista y sostiene un arco muy sólido gracias a su notable actuación; y el jefe de la dupla protagónica, el clásico superior que pide ponerse la camiseta por la empresa, reparte palmadas en la espalda, pero desaparece cuando hay problemas reales.

El guion plantea una comedia negra sobre las relaciones (o su ausencia), que poco a poco se transforma en un drama doloroso. Si bien en algunos pasajes el ritmo es irregular, en su conjunto logra transmitir el mensaje con fuerza.



Las actuaciones son correctas, pero destaca con fuerza Mariana Loyola, quien carga con el peso dramático de su personaje. En lo visual, hay un interesante juego de cámaras y montaje; se nota un trabajo cuidado en la dirección artística, que nunca queda relegada a un segundo plano.

La película establece una constante rima entre lo que no se dice: de manera explícita, a través de la telefonía celular y su pegajoso jingle “Southern Connection”; e implícitamente, en las relaciones personales de los personajes con su entorno. Todo esto convierte a Lo que no se dijo en una ópera prima imperfecta pero disfrutable, que consigue interpelarnos y hacernos reflexionar sobre nuestras propias formas de comunicación.

— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)

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