Brendan Fraser (La Momia) vuelve al protagonismo luego de La Ballena (Darren Aronofsky) en un drama sobre las emociones de un actor estadounidense en Tokio, que no tiene nada más que la sonrisa de una trabajadora sexual que aparece cada cierto tiempo para recordarnos que el dinero puede comprar lazos que parecen reales, pero se disuelven cuando termina la función.
El drama emocional de Searchlight, dirigido por Hikari y protagonizado por Brendan Fraser, nos cuenta la vida de Phil Vanderploeg, un actor estadounidense que viajó hace siete años a Japón para protagonizar un comercial de dentífrico y luego interpretar pequeños papeles sin relevancia. Hasta que un día es contratado por una agencia para interpretar a un norteamericano triste en un funeral. Phil, sin entender demasiado, acude, y tras ello se le ofrece un trabajo —con buena paga— en una agencia que renta personas para interpretar distintos roles en la vida real. En ese recorrido, Phil conoce personas por las que se encariña y con quienes siente un lazo real, desdibujando la línea entre la realidad y las mentiras que implica su nuevo trabajo.

El eslogan de Rental Family (la agencia donde trabaja Phil) es “Brindando verdadera felicidad”. Porque claro, en un país donde la salud mental sigue siendo un tabú incluso en 2025, rentar personas para fingir bodas heterosexuales, recibir los golpes de una esposa que descarga su frustración en la actriz que interpreta a una amante que nunca se enterará de la situación, o ser el padre ficticio de una niña para que pueda ingresar a una escuela —haciendo creer que realmente lo es— es algo más común de lo que parece. Y, por supuesto, rentar a un amigo para jugar videojuegos retro termina siendo el menor de los problemas de esa sociedad.
Hikari no intenta hacer una crítica voraz sobre estos servicios de nicho, que se dan principalmente en Japón (pueden existir en otros territorios, pero en una escala mucho menor). Más bien, los utiliza como un puente para hablarnos de las fragilidades de su país. Contar con Brendan Fraser le entrega la exposición necesaria para traspasar con mayor facilidad las fronteras niponas y llegar a salas de un país tan lejano como Chile.
Fraser demostró en La Ballena que puede ofrecer interpretaciones brutales sobre los sentimientos más profundos del ser humano, y con esa misma intensidad recorre el camino de Phil, un personaje del que no sabemos nada antes de su llegada a Japón, pero cuyos sentimientos vamos comprendiendo poco a poco a través de cada mirada perdida y cada sonrisa a medio terminar.
Visualmente, es una de las pocas películas cálidas de este año, con colores vivos y una fotografía hermosa que, por debajo de este drama, nos muestra las bellezas de Japón y nos recuerda que es un país con una arquitectura envidiable, donde conviven la tecnología y las costumbres más antiguas de sus habitantes.
Rental Family es una de esas películas que te abrazan el corazón y te invitan a reflexionar sobre una cultura desde el total respeto de sus realizadores. Phil jamás cuestiona las costumbres de la tierra que lo acogió ni la culpa por su compleja situación laboral; siempre intenta comprender cómo es el país, cuestionando cuando corresponde y de forma muy respetuosa la mentalidad detrás de algunas acciones, pero sin ir más allá de un simple discurso.
calificacion: 3,5/5
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




