CRÍTICA DE CINE | DESPUÉS DE LA NIEBLA: los ecos del silencio [SANFIC 21]

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Después de la niebla está escrita y dirigida por Miriam Heard (Tierra yerma) y protagonizada por Ema Godoy, Valentina Muhr (Las analfabetas) y Mario Horton (Araña). Es una de esas películas que te quedan rondando en la cabeza: plantea un contexto social difícil en nuestro país y cómo se vive para una niña de ocho años.

En el Chile de 1988, María, una niña de ocho años, pasa la semana en una escuela en Osorno con una profesora alemana del sector. Extraña a sus padres y siente un abandono constante. Los fines de semana vuelve a su casa, junto a un lago. Cuando los amigos de sus padres los visitan desde Santiago, María se siente aún más sola, intentando que, al menos por un momento, su familia piense en ella.


La película tiene un tono melancólico que en pequeños momentos se vuelve onírico. Con un ritmo calmo pero efectivo, nos transmite los sentimientos de esta niña que debe soportar las malas decisiones de sus padres, como vivir en un lugar alejado porque no tienen otro lugar donde quedarse.

Cada personaje tiene su propia personalidad: Maria es introvertida pero quiere llamar la atención, es curiosa pero vive con el vacío de no ser escuchada. La madre es una mujer atrapada en su vida; quiere mantener las apariencias, pero todo está en quiebra. Viven en una casa prestada y reciben ropa, comida y dinero, y solo por ello soporta a las visitas, a las que les sonríe pero parece odiar. El padre, en cambio, parece cómodo con la vida que lleva, sin darse cuenta de que es el único asentado en esa burbuja.


Los visitantes funcionan casi como un solo personaje: son adinerados pinochetistas que, aunque parece que no les interesa la política, cantan a favor del régimen y lanzan comentarios ofensivos sobre las mujeres que llaman “marxistas”. Esta pincelada, según la directora, solo sirve para mostrar el contexto geopolítico de la época; no es un tema central, y en realidad es solo una escena que basta para entender quiénes son.

La película se siente como una obra de teatro, con improvisaciones que quedan en el metraje y enriquecen la experiencia. La pequeña actriz demuestra disfrutar del rodaje, lo que hace que su personaje gane fuerza y se sienta real, algo nada fácil cuando los actores son niños.


Después de la niebla es una especie de coming of age muy dramático, con una fotografía preciosa, una hermosa locación y planos amplios que permiten la improvisación.

Es un viaje sobre el abandono y sus consecuencias: ¿qué estamos dispuestos a entregar? ¿Dónde acaba nuestra libertad? Muchas preguntas se plantean de forma sutil, sin anunciarse, solo para que, si las encuentras, respondas por ti mismo.

— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)

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