CRÍTICA DE CINE | PROJECT HAIL MARY: Fábula espacial y optimista

¿Te gustó? ¡Compártelo!

Hay algo profundamente reconfortante, y a la vez ligeramente tramposo, en Project Hail Mary, la adaptación al cine de la novela homónima de Andy Weir dirigida por Phil Lord y Christopher Miller. Desde su visión más positiva, la película es un espectáculo de ciencia ficción luminoso, emocionalmente generoso e intensamente entretenido; y desde su lado negativo, podría ser considerado un artefacto manipulador, algo irregular y, por momentos, peligrosamente cercano a la fórmula. Aun así, la balanza se inclina con claridad hacia el disfrute masivo: el consenso indica que es una experiencia de esas que justifican la pantalla grande, incluso cuando sus traspiés narrativos están a la vista.

La historia sigue a Ryland Grace (Ryan Gosling) quien despierta solo en una nave espacial sin recordar quién es ni cómo llegó allí. A medida que reconstruye su memoria, recuerda que la Tierra enfrenta una catástrofe global: una forma de vida microscópica está consumiendo la energía del Sol, condenando al planeta a la extinción progresiva. Reclutado por la implacable científica Eva Stratt (Sandra Hüller excelente, como siempre), Grace es enviado en una misión suicida hacia el sistema de Tau Ceti, donde podría encontrarse la clave para salvar a la humanidad. En ese viaje aparece un aliado inesperado.

Uno de los mayores aciertos del film está precisamente en su relación con Rocky, el alien con quien se une para encontrar respuestas que puedan ayudar a los planetas de ambos. Es en esta sección en la que se exige el máximo esfuerzo de suspensión de la incredulidad, para dar paso a nada más que el corazón de la cinta. La dinámica entre Grace y Rocky, que parte desde la incomunicación absoluta hasta la complicidad científica, funciona como una especie de buddy movie interplanetaria que remite tanto a la ternura de E.T. como a las inquietudes lingüísticas de Arrival. El público desconectado de esta obra tropezará justamente en que, primero, la fantasía espacial de la que se desprende toda la existencia de Rocky es inicialmente difícil de absorber y, segundo, que en numerosos puntos se nos introducen conflictos que lamentablemente otras películas del género intergaláctico ya exploraron.

Hay un pequeño problema tonal que se exacerba con la extensa duración del metraje en manos. El relato oscila entre el caos de rigor científico y los giros de sentimientos accesibles, como el humor obvio y la aflicción de corta duración. El problema es que donde los flashbacks logran equilibrar ambas actitudes para no quedarse estático en los confines de la nave, también evidencian que hay algo del desarrollo de Ryland Grace que nos lo perdimos, no sabemos cuánto tiempo transcurre pero pareciera no suficiente para descartar su tendencia a autoaislarse de forma casi autodestructiva de toda camaradería.

No obstante, vale destacar que las proezas actorales de Gosling han insuflado de carisma inconmensurable a su presencia en la película, no sólo es el protagonista de una historia sino que es el sustento principal del relato y sus posibles mensajes. El actor lidera la cinta con su combinación personal de humor, vulnerabilidad y encanto, de manera que las fallas en la escritura de su personaje desaparecen. Además, le podemos atribuir la energía contagiosa con la que consigue que el enfoque específico de las temáticas tratadas alcancen una dimensión humana mayor. Muchas películas de ciencia ficción, incluyendo varias de las referenciadas por Project Hail Mary, parten de un conflicto particular con el que se puedan ilustrar problemas de la sociedad a nivel mundial, pero acá es curioso que se nos presenta un conflicto mundial a través del cual presentarnos los problemas sociales con los que lucha Ryland Grace, y por eso es tan importante el intérprete detrás.

En términos formales, el largometraje deslumbra, aunque no pretenda inclinarse en ello como su fuerte. La fotografía de Greig Fraser y la música de Daniel Pemberton elevan la escala del relato. Hay además decisiones musicales curiosas pero atinadas de parte del equipo de Supervisión Musical, que refuerzan la idea de una humanidad diversa enfrentando una amenaza común con lo que queda de esperanzas. Visualmente, la obra destaca por su cuidado uso de efectos prácticos, como sets físicos y marionetas, que mejoran la sensación física de la ambientación.

El real plato principal de la producción es, sin duda, las ideas ya apuntadas de colaboración, amistad en la adversidad, empatía adquirida, lucha contra el síndrome del impostor y esperanza inagotable. Todas desplegadas en un guion que, aunque no las presenta de manera natural, sí cumple con intercalar la ciencia dura ficticia y la emoción de forma efectiva. Entre aciertos y condescencias, a ratos se puede sentir la insistencia en su mensaje, pero aún así, sería injusto negar que esa misma insistencia es la que conecta con el público: Project Hail Mary quiere ser querida, y en gran medida lo consigue.

Con sus excesos, la película no es un producto perfecto. Lo que sí, es disfrutable, emocionante en sus mejores momentos, y memorable incluso ante la falta de novedad. Pese a todo promete quedarse orbitando en tu cabeza bastante después de que terminen los créditos.

Únete a Cine Aficionado

Recibe semanalmente nuestro análisis de estrenos y recomendaciones exclusivas.


¿Te gustó? ¡Compártelo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *