Un exjugador de béisbol, agotado por la vida y marcado por una mala experiencia, se ve de pronto atrapado en medio de una guerra de bandas criminales en el Nueva York de los 90. Obligado por las circunstancias, debe encontrar la forma de sobrevivir a esta matanza urbana entre ucranianos, policías y hebreos.

Darren Aronofsky dirige este drama criminal en un giro impensado dentro de su filmografía. Es una película muy esperada que, según contó en la masterclass que presencié en vivo durante una función especial, fue hecha para divertirse y pasarla bien. No busca la misma profundidad que sus trabajos anteriores, aunque quizás Aronofsky fue demasiado modesto al afirmarlo. Atrapado robando combina drama, comedia negra y acción callejera, entrelazando conceptos de manera poco común y con sutilezas que la distinguen de un blockbuster convencional.
Austin Butler (Hank Thompson): Es el pilar y corazón de la historia, un hombre metido en una guerra que no le interesa y más preocupado de llamar a su madre (literalmente) que de empuñar un arma. Su actuación es sólida, aunque sería injusto llamarla la mejor de su carrera, porque ya ha demostrado ser un actor de primera línea.

Matt Smith (Russ): Interpreta al amigo punk al que todos buscan. Cumple correctamente, aunque su personaje brilla más gracias al vestuario y la dirección de arte que por la actuación en sí.
Zoë Kravitz (Yvonne): Es el alma del conflicto. Su interpretación es magnética, con miradas que enamoran y una química envidiable con Butler. Perdón por insistir, pero ojalá ellos hubieran sido los del beso en Amores materialistas.

Los personajes hebreos logran un equilibrio perfecto entre lo gracioso y lo temible gracias a interpretaciones intensas. Los ucranianos, en cambio, caen en un estereotipo. Curiosamente no fueron representados como rusos, como suele hacer Hollywood. ¿Quiso Aronofsky dejar un mensaje críptico? Me gusta pensar que sí.
El diseño de producción, el montaje y la corrección de color crean un ambiente inhóspito y hostil. La ciudad, por momentos, se convierte en un personaje más, evocando algunas versiones de Ciudad Gótica, con una puesta en escena que resalta lugares y atmósferas de manera elegante.

Da la impresión de que Aronofsky hizo esta película más para recaudar fondos y financiar otro proyecto que por verdadera pasión por la historia. Sin embargo, como el gran cineasta que es, puso alma y corazón en ella. Se nota el respeto con que la aborda y que, aunque quizás incómodo, sigue orgulloso de su obra. Una obra que, como habrán notado, es increíblemente disfrutable.
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




