Amélie y los secretos de la lluvia, una cinta franco-belga adaptación de la novela Metafísica de los tubos, llega como una fuerte candidata nominada a los premios Óscar en la categoría de Mejor Película Animada. Es una obra emotiva, inquietante y llena de sorpresas.

La historia sigue a Amélie, una niña de familia belga que nace en Kobe, Japón. A sus cortos dos años y medio, recibe la visita de su abuela, quien le obsequia un chocolate blanco belga. Este simple acto agudiza sus sentidos y la hace “nacer” nuevamente. A partir de ese día, su vida se convierte en un viaje lleno de aventuras y curiosidades, donde lidia a su muy particular modo con los problemas adultos de la sociedad y de sus seres queridos, todo esto enmarcado en el Japón de la posguerra.
Amélie crece en el seno de una familia algo disfuncional: su padre viaja constantemente, dejando los quehaceres del hogar a su esposa, quien debe hacerse cargo de ella y de sus dos hermanos. En su insaciable afán por conocer el mundo (llegando incluso a pensar en un momento que es Dios), Amélie forja una entrañable amistad con Nishio-san, la ama de llaves de la casa donde residen. Junto a ella, irá descubriendo las penurias de la época, siempre sin apartarse de su inocente pero aguda visión.
Lejos de caer en el típico melodrama infantil, la cinta opta por recorrer los espacios más cotidianos de aquel tiempo de la forma más realista posible. Destaca por su uso de colores pastel y una animación simple pero sumamente particular; un estilo visual que nos transporta a lugares mágicos para luego devolvernos a la historia.
Retratar la mente de una niña que recién descubre el mundo es una hazaña difícil de lograr. Aun así, Amélie y los secretos de la lluvia triunfa al enseñarnos que la vida se trata del amor, del perdón, de avanzar y de recordar. En su corta duración, esta película toca tu corazón y se queda grabada en tu memoria.

Mauricio Casanova es el fundador y crítico detrás de Cine Aficionado. Creé este espacio para ofrecer noticias y análisis con la seriedad que la industria merece, pero sin perder de vista la diversión. Cuando no estoy escribiendo, probablemente esté viendo la WWE o poniéndome al día con algún anime.




