A manos del director Kleber Mendonça Filho, la película brasileña “El Agente Secreto” ha estado nominada a un sinfín de premios en un montón de festivales, ganando también en numerosas ocasiones. En este caso, tenemos una historia dentro de la época de dictadura del país, un contexto con el que gran parte de Latinoamérica puede empatizar debido a su propia experiencia.
Esta historia transcurre en 1977, como se mencionó, durante la dictadura militar en Brasil. Bajo este contexto, Marcelo, un profesor, decide ir hacia la ciudad costera de Recife, donde planea poder reunirse con su hijo y junto a él, reconstruir su vida para eliminar el pasado. El problema radicará en que esto no será tan sencillo, pues su nuevo refugio no lo protegerá como lo planeaba y pronto se dará cuenta que no es sólo perseguido, sino también amenazado de muerte.

Me gustaría comenzar destacando la introducción tajante y directa de la película, que me pareció perfecta para comenzar el filme, donde el protagonista va a una bencinera para cargar su auto. Rápidamente veremos en pocos minutos un resumen de lo que enfrentaremos en los minutos siguientes: una policía con dudosas prioridades y una autoridad cuestionable (o sea, corrupta), además de la misma reacción de los civiles ante lo que está pasando a su alrededor bajo la “nueva” normalidad que se ha creado bajo el régimen autoritario (este comenzó a mitades de los años 60). Cabe destacar que no es necesario tener mucha información sobre esta dictadura en particular para ver la cinta, pues se entiende perfectamente el ambiente político general con el conocimiento mínimo que incluyen este tipo de totalitarismos, lo cual lo hace más amigable para otras audiencias que desconozcan la historia crítica de “la tierra de la samba”.
Por otra parte, debido al contexto histórico, tuve una predisposición a que la trama sería despiadada y densa. Efectivamente esta no deja de ser cruda debido a lo duro de la situación, pero de alguna manera alivianan un poco todo el trayecto gracias a diferentes toques de humor totalmente funcionales que no terminan por minimizar la importancia de lo que ocurre. Además, nos encontraremos con varios simbolismos que como espectadores podemos analizar, como por ejemplo el gato que se encuentra en el hogar de refugiados de doña Sebastiana o el elemento del tiburón, el cual se repite en varios “formatos”, incluyendo que en Recife efectivamente hay bastantes tiburones. No quiero indagar aquí en estos significados para no generar algún tipo de spoiler, pero sobre todo el elemento del depredador acuático se me hace bastante importante y me parece interesante detenernos a pensar sobre ello (como pista, personalmente sí creo que es una referencia al contexto político y al final de la película se vuelve a mencionar el tema de la película de tiburón con justa razón).
Pasando a otro tema, si bien la película no es súper dinámica, tampoco me pareció de un ritmo lento, pero sí creo que se podrían haber ahorrado unos varios minutos de metraje que probablemente no fueran tan necesarios.
Me gusta también cómo se plantea la importancia de las generaciones, pues no sólo estaremos en el presente de Marcelo y los apuros en los que está, sino que también veremos cómo él hace paralelamente una búsqueda de su madre desaparecida y, por otro, la generación que queda de su hijo, cosa que culminará principalmente en el final, pues nos enteraremos durante la trama que hay una mujer en particular desde nuestra actualidad investigando el caso. Este desenlace, como en varias películas de esta temática, nos dejará una sensación amarga, pues está directamente relacionado con la realidad de la mayoría de las víctimas de las dictaduras a día de hoy. Quizá me hubiese gustado que en este caso en particular, que es ficticio, le dieran un cierre más “arriesgado” en cuanto a la resolución del caso como tal, pero se entiende la intención detrás de él y lo difícil que es tratar este tipo de mensaje sobre todo en países latinoamericanos donde, actualmente, aún existen varias diferencias de opinión.
En resumen, la historia de Marcelo es interesante, con personajes bien creados y buenas interpretaciones. Se preocuparon de no hacerla lo suficientemente densa como en otros casos de este estilo, lo cual ayuda a que sea más amigable para los que no se sienten tan cómodos con este tipo de cintas debido a su naturaleza, agregando personajes muy agradables también -y otros, odiables-. Sí, es algo más larga de lo que debería, pero te deja pensando en los detalles que se han dejado en el tintero como los simbolismos y finalmente la experiencia es amena, siento que es apta para un abanico más amplio de receptores. Ah, y por cierto, doña Sebastiana, la quiero mucho.





