Wake Up Dead Man es la tercera entrega de la franquicia Knives Out, luego de Knives Out y Glass Onion. Escrita y dirigida por Rian Johnson (The Last Jedi), y protagonizada por Josh O’Connor (The Mastermind), la cinta se centra en el sacerdote Jud Duplenticy, quien se convierte en testigo de un crimen imposible. Con la ayuda del detective Benoit Blanc, deberá encontrar al responsable de un caso que desafía toda lógica.
Al tratarse de la tercera película de la saga, Knives Out ya puede dejar de presentarnos a Benoit Blanc y concentrarse de lleno en el caso y en el protagonista de turno: un sacerdote y exboxeador que llega a un pequeño pueblo en Inglaterra solo para terminar siendo el principal sospechoso de un crimen aparentemente irresoluble. Todo esto en una película mucho más seria y dramática que Glass Onion, regresando a los orígenes del primer Knives Out y profundizando en una lógica claramente agatha-christiana del misterio.

Rian Johnson utiliza a Blanc como un puente narrativo hacia el padre Jud: más acompañante que motor del relato, el detective va entregando pequeños detalles mientras reconstruye la historia de un reparto coral, pero deliberadamente secundario, de sospechosos. Todos ellos son fieles a los dogmas de un sacerdote tiránico que gobierna la iglesia del pueblo, el mismo que termina muerto en una pequeña habitación sin ventanas ni pasadizos.
No es sorpresa que a Johnson le atraigan los repartos de primer nivel. Entre los sospechosos encontramos a actores como Glenn Close, Jeremy Renner y Cailee Spaeny, entre otros, cada uno con personalidades y motivaciones bien definidas, puestas al servicio del relato. Destaca el personaje de Daryl McCormack, un youtuber/influencer que registra constantemente lo que ocurre en el pueblo y que se transforma en una pieza clave para revelar gran parte de los hechos. Como es habitual en el universo Knives Out, todos esconden algo: son perdedores por distintas razones y temen que sus secretos salgan a la luz.
La película consigue que cada capa y giro narrativo se sienta lógico y orgánico, manteniendo la atención del espectador de principio a fin. Si bien lamentablemente no tuvo estreno en salas chilenas y debimos verla directamente en Netflix (idealmente en la pantalla más grande posible), Wake Up Dead Man logra mantenerte lejos del celular gracias a una puesta en escena que comunica mucho desde lo visual. Johnson rompe así con la lógica “netflixiana” de explicarlo todo con diálogos, aportando un sello autoral claro a una película que inevitablemente carga con el estigma de la gran N.

La fotografía y la iluminación juegan inteligentemente con espacios limitados. Aunque se estima que la producción tuvo un presupuesto cercano a los 200 millones de dólares (dato no confirmado oficialmente), ese gasto no se traduce en una sobreabundancia de locaciones, sino en la forma en que se construyen y revelan los espacios del pueblo. En Wake Up Dead Man, el arte está en los detalles, y esos detalles son el verdadero pilar de la experiencia.
Wake Up Dead Man está destinada a convertirse en un clásico dentro de la plataforma y en uno de sus títulos de prestigio. No a la escala de Stranger Things, pero sí como una luz para los cinéfilos que aún buscan sentido a la existencia de este servicio de streaming. Según los reportes actuales, la franquicia podría concluir aquí, pero con Netflix nunca se sabe: más temprano que tarde volveremos a tener novedades sobre este universo y sobre la alianza —tan fructífera como vigente— entre Rian Johnson y la plataforma, una relación que, por ahora, parece lejos de romperse.
Calificación: 4/5
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




