CRÍTICA DE CINE | LA MISTERIOSA MIRADA DEL FLAMENCO

ra40ebzwa85pk0zijf9dr78z36o

El western queer que representará a Chile en los Oscar y en los Goya, ganador del premio Un Certain Regard en el Festival de Cannes 2025, es un relato conmovedor que contrapone el amor más puro con el machismo y la discriminación.

Ambientada en 1982 en un pueblo minero del norte de Chile, seguimos a Lidia (Tamara Cortés), una niña de 11 años cuya madre adoptiva es Flamenco (Matías Catalán), una travesti que vive en la casa de citas de Mamá Boa (Paula Dinamarca). Es en esa casa donde los mineros buscan desahogo en medio de la noche, escondiéndose como si se tratara de un secreto prohibido.


En este pueblo circula una peste que, según la leyenda, se transmite cuando un hombre mira a otro hombre. Un mito machista, producto de la ignorancia, que exonera a los mineros de cualquier culpa y deposita todo el peso en los travestis, señalados como los responsables de una enfermedad desconocida que acecha a un lugar perdido en el mundo.

La ópera prima de Diego Céspedes construye un relato meticuloso sobre la violencia machista y la discriminación que enfrentan los travestis (como se autodenominan en el film) en un entorno dominado por hombres, donde la ley está ausente y la desinformación gobierna.


Todas las interpretaciones resultan conmovedoras y bien trabajadas; el elenco transmite una química excepcional. Flamenco, en particular, es una elección brillante: carismática, llena de energía y belleza, una guerrera que lucha cada día por criar a su hija mientras sueña con encontrar el amor, aunque para los travestis ese amor suele llegar en las sombras, teñido de negación, de dolor y de soledad.

Uno de los aspectos más impactantes —gracias a la naturalidad con que está logrado, mérito de la dirección— es la ligereza con que las habitantes de la casa enfrentan la vida y la muerte. Conversan de manera cotidiana sobre temas crudos, dando a entender que elegir esa vida, esa ropa y esa forma de hablar es aceptar una condena. Y en medio de todo esto aparece Lidia, la niña inocente que no entiende nada y que busca respuestas en los lugares menos pensados.


La fotografía es otro de los grandes aciertos de la película. Con un trabajo de investigación sólido, ofrece detalles casi imperceptibles que enriquecen visualmente una historia que está a la altura de su propio relato.

En definitiva, la película de Céspedes no solo se erige como un hito del cine chileno, sino también como un testimonio universal sobre la marginalidad, la resistencia y la ternura que puede brotar incluso en los entornos más hostiles. Una obra imprescindible, tan dura como poética, que confirma que el cine sigue siendo un espacio para mirar de frente aquello que muchos prefieren callar.

— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)

Únete a Cine Aficionado

Recibe semanalmente nuestro análisis de estrenos y recomendaciones exclusivas.

1 comentario en “CRÍTICA DE CINE | LA MISTERIOSA MIRADA DEL FLAMENCO”

  1. Pingback: 7° Festival de Cine Nacional de Ñuble: Una fiesta gratuita con cine patrimonial y estrenos exclusivos - Cine Aficionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *