HIM es una de las apuestas más singulares de este 2025. Más allá de la poco explorada fusión entre el deporte y el horror psicológico, HIM es una película que aborda la obsesión por la excelencia de una forma poco convencional: una rareza que no dejará indiferente a nadie.
La cinta sigue a Cameron Cade (Tyriq Withers), un joven talento del fútbol americano que sufre una lesión cerebral que le impide rendir de forma adecuada en la prueba para la que se ha preparado toda su vida. Sin embargo, la vida le ofrece una segunda oportunidad cuando Isaiah White (Marlon Wayans) lo invita a su lujoso complejo deportivo, en medio de la nada, para entrenarlo y prepararlo como su sucesor. Pero nada será tan sencillo: Cameron deberá demostrar que es digno de ocupar ese lugar.

HIM subvierte la iconografía del deporte y desordena el tablero de la honestidad, el esfuerzo y el trabajo digno. En su lugar nos presenta otras formas de “ganar”: la violencia, el sacrificio del cuerpo y el egoísmo como ejes de una carrera soñada. Ser el número uno, el rostro de las portadas, el dueño de lujos y complejos apartados… todo tiene un precio.
Producida por Jordan Peele, HIM respira mucho de su estilo característico: tensión, crítica social y horror psicológico. Sin embargo, Justin Tipping le aporta un aire más juvenil —a pesar de que apenas se llevan seis años— con una banda sonora vibrante y una estética visual que por momentos roza el videoclip. Ese mismo videoclip, sin embargo, se detiene en seco para sumergirnos en un juego macabro que deja el corazón en un puño y las manos apretadas al asiento, como si fuéramos el protagonista de Get Out.

Marlon Wayans sorprende con una actuación impresionante. Conocido por su faceta cómica en papeles clásicos como Shorty en Scary Movie, aquí logra reivindicarse de cualquier traspié pasado. Su interpretación es visceral, violenta y magnética: un personaje fascinante, con miradas que penetran y lecciones que erizan la piel.
HIM no es una película fácil. Es una obra que, sin duda, dividirá a la audiencia. Pero eso es precisamente lo que hacen las grandes películas: generan conversación, debate, posiciones encontradas. Y en esas conversaciones, yo estaré defendiendo a este monstruo.
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




