El día de la bestia es un clásico indiscutible del cine español, del terror y del heavy metal. Un sacerdote católico (Álex Angulo) cree haber descubierto un mensaje oculto en el Apocalipsis: el Anticristo nacerá en Madrid. Decidido a impedirlo, se embarca en una misión desesperada. En el camino conoce a José María (Santiago Segura), un fanático del death metal que trabaja en una tienda de discos, y a Cavan (Armando De Razza), un presentador italiano de un programa de ocultismo. Este trío tan dispar como inolvidable vive una aventura de violencia, momentos absurdos e invocaciones en el Madrid de los noventa.

Hablar de El día de la bestia es hablar de una película enorme. Un clásico de culto que marcó el inicio de un nuevo cine español, cuya influencia es tan amplia que su propio director, demasiado humilde, nunca la admitiría en su justa medida.
Álex Angulo, como el sacerdote que busca el Apocalipsis, resulta increíblemente gracioso. En esta comedia negra de terror, interpreta a un cura que mantiene la seriedad absoluta mientras comete delito tras delito para invocar a Satanás, convencido de que esa es la única manera de obtener la verdad.

Santiago Segura, en la piel de un metalero noventero, ofrece un festín de comedia. Se adueña por completo del personaje: un heavy de barrio que vive sin preocuparse por nada, pero que tiene un corazón de oro. Se convierte en la brújula emocional de la historia, siempre dispuesto a ayudar al cura aunque eso implique destruirlo todo… y, por supuesto, fascinado con la idea de invocar al diablo.
Armando De Razza, como Cavan, el estafador ocultista y estrella televisiva, es la contracara brutal de los protagonistas. Individualista, oportunista y deshumanizado, su personaje queda perfectamente dibujado desde su primera aparición. Su arco, contradictorio y llamativo, lo convierte en el que tiene el camino más interesante.

Visualmente, El día de la bestia es un espectáculo. El icónico cartel de neón, que Álex de la Iglesia y su equipo defendieron contra viento y marea, se transformó en un emblema de la película. Una apuesta que parecía poco rentable y demasiado arriesgada, pero que terminó dando vida a una de las imágenes más fascinantes del cine español.
El contraste entre escenarios es otro punto brillante: el hotel cutre donde vive José María, con pisos sucios, una madre que solo compra comida en oferta y un barrio oscuro, frente a los lujos de Cavan, rodeado de objetos de museo y delirios de grandeza. Si viviera hoy, sin duda sería un influencer famoso.

La madre de José María es otro personaje inolvidable. Su icónica escena cortando un conejo quedó grabada en la memoria de los fans, y junto con el abuelo (tan incorrecto como entrañable) roba cada aparición en pantalla. Sin ellos, la película no sería lo mismo.
El día de la bestia es un ícono cultural de toda una generación. Una película que, en teoría, nunca debió existir: una premisa hilarante que cualquier productor habría rechazado. Pero, contra todo pronóstico, se hizo realidad. Existe. Podemos disfrutarla. Y lo mínimo que podemos hacer es recomendarla cada Navidad… o cada sábado de cinefilia con amigos.
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




