En una pequeña comunidad, 17 niños se despertaron a las 2:17 AM, corrieron por la calle y nunca más regresaron. Todos los niños de la misma clase desaparecieron, excepto uno: el pequeño Alex, quien sigue viviendo con sus padres. Mientras el pueblo entero busca respuestas, las cámaras de seguridad revelan un detalle inquietante: los niños escaparon por sus propios medios.

“Weapons”, o como se titula en español de forma mucho más acertada “La hora de la desaparición”, es la nueva película escrita y dirigida por Zach Cregger, a quien seguramente recuerdas por Barbarian (Bárbaro en su versión en español). Aquella película ya mostraba destellos de grandeza, donde el terror se mezclaba con humor ácido, violencia explosiva —aunque fugaz—, y un gore que estaba al servicio de la historia, más que del morbo.
“Weapons” sigue esa misma línea, pero esta vez al más puro estilo Rashomon: una historia contada desde diferentes perspectivas, utilizando constantemente la elipsis para luego, desde otra óptica, revelar detalles que no vimos en un primer momento. Como un rompecabezas narrativo, a veces fascinante, a veces quizás un poco innecesario.

El guion atrapa desde el primer minuto. Con la ayuda de un narrador, se nos detallan los acontecimientos que nos llevan al inicio de la historia, acompañado de una apuesta visual cuidada pero sobria, que no interfiere con la narrativa, sino que la potencia. Esto permite que el misterio de este pueblo se revele poco a poco, con una calma que seguramente dividirá a la audiencia.
La película parte como un thriller policial centrado en la búsqueda de los niños desaparecidos, pero pronto se transforma en una comedia ácida y violenta, para luego dar paso a un gore casi cómico que parece encantarle a Zach. Todo esto está cargado de pequeños detalles y tensión; en algunos momentos me recordó a la también divisoria Longlegs.

Las actuaciones están muy bien en general, pero destaca el pequeño Alex, interpretado por Cary Christopher, con una actuación impecable en un papel durísimo. Es un claro ejemplo de la importancia de un buen casting, demostrado en un par de escenas que te dejarán alucinando.
Como mencioné, es una película que sin duda dividirá opiniones. Y aunque para mí roza la perfección, siento que su duración de dos horas podría haberse reducido unos 20 minutos. Aun así, en estos tiempos en que casi todas las películas sobrepasan las dos horas, parece más un vicio de la industria que un pecado de Zach.
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




