Celine Song regresa a los cines con Amores Materialistas, luego de su increíble ópera prima Past Lives (que siempre me recuerda a Cold War). En esta nueva historia conocemos a Lucy (Dakota Johnson), una casamentera en Nueva York. ¿Qué es eso? Una persona que junta a otras según los criterios que alguien solicita.

Tinder y sus derivados no son suficientes: si tienes el dinero adecuado, puedes pagarle a alguien para que cree a tu pareja perfecta, cosiendo una lista de deseos llena de vacío existencial donde el primer ítem es cuánto debería ganar al año. Y cuando el monstruo está completo, solo queda gritar: ¡IT’S ALIVE!
Lucy, corredora de la bolsa del amor, está sola. Afirma que siempre lo estará, porque el hombre perfecto no aparece en las estadísticas de su algoritmo. Una mujer que no terminó la universidad y abandonó su carrera de actuación no puede —según ella— aspirar al hombre que desea.

Todo cambia cuando en una boda conoce a Harry (Pedro Pascal), un millonario neoyorquino con un departamento valuado en 12 millones de dólares. En ese mismo evento, también se cruza con John (Chris Evans), su ex, un actor que sobrevive con trabajos esporádicos en una ciudad que apenas puede costear. Mientras Lucy vive un romance con Harry, sigue conversando (y observando a lo lejos) a John, porque su algoritmo insiste en que no puede estar con un millonario relajado… pero tampoco merece a un actor tacaño que no quiere pagar por estacionamiento.
Este drama romántico con tintes de comedia podría sonar como una rom-com cualquiera, y para los más puristas cinéfilos guerrilleros con cáncer pulmonar quizás lo sea. Pero Celine Song impregna su estilo en esta historia de dinero y poder, donde Lucy recorre distintos escenarios del amor, las citas y la maldad humana, encontrándose a sí misma y entendiendo qué quiere realmente. Ese mensaje, envuelto en apariencia de blockbuster, es un verdadero contrabando autoral de Celine Song.

Visualmente, la película es bella y cuidada. El contraste de luces y colores entre estos dos mundos está bien marcado: la simetría versus el caos, la ropa a medida versus la ropa de oferta, la mirada del amor frente a la mirada de la transacción. Hay momentos cargados de significado que podrían pasar desapercibidos si no estás atento.
En cuanto a las actuaciones, todos están correctos, pero salí decepcionado: esperaba más. Incluso nuestro Pedro Pascal parece más cómodo siendo clase media que millonario relajado.
Al final del día, Amores Materialistas es una buena película, aunque muy lejos de aquella ópera prima que tanto nos conmovió. Aun así, dentro de lo que el estudio pretendía que fuera esta cinta, Celine Song logra colar su mirada crítica a la sociedad de consumo estadounidense y salir airosa.
— Por Mauricio Casanova (Cine Aficionado)




